
Diciembre... ¿Cuerpo y Mente en el mismo lugar?
- Ines Loyarte
- 23 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Sección: Mente / Espíritu
Escrito por
Inés Loyarte
Luces, mesas largas, risas prometidas. El calendario insiste en que celebremos, nos empuja a brindar, a abrazar y a reunirnos. Pero, el corazón no siempre firma ese contrato.
Porque diciembre no es solo fiesta, es memoria, son emociones, es recordar y proyectar. Es un mes emocionalmente denso, casi magnético.
Todo se junta, lo que fue, lo que no fue, lo que perdimos y lo que alcanzamos. La familia, esa palabra tan amplia como incómoda, aparece en primer plano. Para algunos es un refugio, para otros un terreno frágil, lleno de silencios, viejas heridas, silencios tensos y expectativas que pesan. Forzarnos a estar con el cuerpo en donde nuestra mente se niega, cansa, aunque el mantel y las copas sean bonitos.
A esto, se suman las ausencias, estos momentos son expertos en señalar sillas vacías, voces que ya no se escuchan, a veces aparece como una bruma de nostalgia y otras arrasa en lo mas profundos de quienes habiten ese dolor.
Para mi, diciembre es un mes mágico, todo se une, la incomodidad con la gratitud, la decepción de los errores y fracasos con la motivación de lo que si hicimos, lo que si sucedió y lo que alcanzamos.
Pero si, como la paz es interior, hay maneras de armonizar esto dentro de nosotros...
Podemos empezar bajando el volumen de la exigencia. No sentir “lo que se supone” también es válido. No hay una forma correcta de vivir diciembre. Hay la propia. Elegir con quién estar, cuánto tiempo, y desde dónde, es un acto de cuidado, no de egoísmo.
Creando rituales nuevos. Pequeños, íntimos, verdaderos. Un brindis en silencio por quien falta. Una caminata nocturna. Escribir una carta que no se envía. La emoción necesita drenarse, soltar y aliviarse.
Y por último, habilitando el descanso emocional. No todo encuentro tiene que ser épico. A veces alcanza con sobrevivir al mes con ternura hacia un mismo. Diciembre no es una evaluación final: es solo un mes más, cargado de símbolos que podemos resignificar.
Celebrar, sí. Pero también honrar lo que duele. Brindar, pero sin tapar el nudo en la garganta. Estar acompañados, incluso cuando elegimos estar solas.
Diciembre pasa. Las emociones quedan, se acomodan, se transforman. Y atravesarlo con honestidad, aunque no sea luminoso, también es una forma profunda de celebración.

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