No estás viviendo, estás funcionando.
- Ines Loyarte
- 14 abr.
- 2 min de lectura
Sección: Mente / Espíritu
Escrito por
Inés Loyarte
Hablemos del famoso "modo automático", cuando la vida se vuelve trámite, cuando hacemos todo, pero sin estar en nada. A veces creemos que la rutina es el problema, pero en realidad es nuestra ausencia en ella. No es que hacemos demasiado. Es que no estamos presentes en lo que hacemos.
Vivir en automático es llegar a lugares sin recordar el camino.
No estás cansado por hacer mucho, estás cansado de no estar.
No estas mal, pero tampoco estas bien.
Es como si viviéramos anestesiados, viviendo el presente, pero sin estar presentes en él.
¿Sentis que haces todo, pero nada de lo que haces te llena?
Como si estuvieras viviendo tu vida desde afuera... Nos volvemos espectadores de nuestras vidas, en ese momento en que olvidamos vivirla.
Leyendo a Gabriel Rolón, el manifiesta que vivir es ir, es ir tomando decisiones todo el tiempo, hay decisiones simples y otras complejas. Toda elección tiene una consecuencia, y uno tiene que poder vivir en esa consecuencia. Tanto quedarte como irte tienen un efecto, vivir es decidir cómo vas a avanzar. La clave es pensar en el costo del veredicto. Porque nosotros somos nada más que las consecuencias de las decisiones que hemos ido tomando a lo largo de la vida. Hay decisiones que son correctas, aunque terminen mal.
Vivir en piloto automático también es una decisión, una decisión a ciegas, tal vez silenciosa, pero una elección que nos lleva a dejar de vivir para simplemente estar vivos.
Nos llenamos de tareas para no hacernos preguntas. Porque frenar implica mirar. Y mirar implica aceptar que quizás no nos gusta cómo estamos viviendo.
Porque lo más peligroso no es estar mal, sino acostumbrarte a sentirte vacío, y empezar a creer que eso es normal. Olvidamos que la vida no debe ser entendida, pero si debe ser sentida.
Alguna vez escuche, que esperamos congelar en el tiempo lo que nos hace felices, pero todo lo que alguna vez amaste, fue prestado, y la belleza nunca estuvo en aferrarse, estaba en el SER.
Sentir dolor, también es estar vivo, perderse también es encontrarse y amar también es conocerse.
Salir del automático no es hacer un cambio radical. Es volver a habitar lo que ya estás viviendo. Mirar. Sentir. Elegir. Porque la vida no necesita más velocidad. Necesita más presencia. Y un día te das cuenta de que no estabas mal… solo estabas ausente.
Y volver no es cambiar de vida, es volver a mirarla.
Porque, al final, somos eso: lo que fuimos eligiendo.
Incluso cuando no elegimos… estamos eligiendo.
La revista digital, Psiconetwork, publicó meses atrás un artículo sobre como empezar a recuperar presencia:
Marcar un momento del día para estar más presente.
No necesitas transformar toda tu rutina. Un café sin distracciones, una ducha en silencio o una caminata corta ya hacen diferencia.
Registrar el cuerpo, aunque no haya emoción.
¿Cómo está tu respiración? ¿Hay tensión? ¿Qué cambia si te estiras?
Elegir una acción por deseo, no por obligación.
Aunque sea pequeña. Aunque dure poco. Que no venga de una lista, sino de tu necesidad.
No luchar contra el modo automático: escucharlo, es empezar a transformarlo.
Está tratando de ayudarte. Reconocer su función ya es empezar a volver.

Celebro estas reflexiones que nos invitan a PARAR en la vorágine de una era donde lo valioso sólo es lo productivo. Hoy vale revelarse contra ese discurso 💛💛
Hermoso❤️🩹
muy buena
♥️
me encantoooo